jueves, 22 de noviembre de 2018

Y encima te tengo que consolar yo a ti

Estos son "solo" dos de los regalos que me llevé
en mi última visita a radiodignóstico. En ninguno
de los dos lugares consiguieron canalizarme la vía.
En esto de vivir una enfermedad crónica, como el cáncer, se pasa por varias etapas. Una de las más duras es la primera, cuando se trata de dar la noticia a tu entorno, al más cercano y según te vas alejando en círculos concéntricos de confianza. Hay compañeras de periplo que deciden no contárselo a según qué personas por no hacerlas daño o no hacerlas sufrir. Es una opinión que yo no comparto, porque al final quienes sufrimos somos nosotras, doblemente, por nosotras mismas y por la persona con la que no compartimos lo que nos preocupa y nos aqueja y más si es una persona cercana y querida,... pero, desde luego, cada uno es libre de afrontar su enfermedad, su duelo y su comunicación de la manera que considere lo mejor posible.

Una de las reacciones de la gente es "no te preocupes, que el cáncer se cura". Y ahí es donde te toca hacer de "divulgadora" y decirles que "lamentablemente" no todos los cánceres se curan y el cáncer metastásico, el que ya se ha diseminado desde el órgano originario hacia otros rincones del cuerpo, no tiene cura a día de hoy... Que lo más que se puede hacer es cronificarlo.... "Ahhh, bueno, pues entonces a cronificarlo", te responden muchas veces... Como si cronificar una enfermedad fuera escribir "enfermo crónico" en un informe y ya está.

El cáncer metastásico nos convierte en "enfermas crónicas", enfermas de por vida. Nos pasaremos el resto de nuestros días de médico en médico y de prueba en prueba, de tratamiento en tratamiento y de medicamento en medicamento, en un periplo sin fin que algunos días se lleva mejor y otros días se lleva peor. Pero, desde luego, ser un enfermo crónico no es ni un mal menor, ni algo que se deba tomar a la ligera y menos desde la perspectiva de la persona que no lo está viviendo. Cuando le quitan importancia a nuestra enfermedad, a nuestro diagnóstico, a nuestro tratamiento, están levantando un muro entre ellos y nosotros que a veces resulta muy difícil de superar después.

Luego están las personas que cuando les cuentas tu enfermedad se quedan tan impactadas que, incluso, a veces, se echan a llorar... Y es todo lo contrario a lo anterior. El tipo anterior le resta importancia a tu enfermedad y es una actitud dañina porque ningunea tu sufrimiento y tu dolor. Este tipo de persona se va al otro extremo y maximiza la repercusión de la información recibida hasta tal punto que te parece que ya está encargando la corona para tu funeral... Y eso tampoco es bueno para nosotras. No deberíamos enfrentarnos al "ninguneo" pero tampoco tendríamos que consolar a los que reciben la noticia de nuestra enfermedad....

Como digo muchas veces, las enfermas de cáncer de mama metastásico no podemos vivir con una venda en los ojos (pensando que nos vamos a curar o que vamos a vivir x años) ni ponernos un bloque de cemento en los pies (asumiendo que vamos a sufrir lo indecible y a morir en dos días y medio). Y lo mismo pasa con las relaciones interpersonales... Al final, termina en nosotras recayendo la difícil tarea de mantener el equilibrio en nuestra comunicación y nuestras interacciones con los distintos tipos de personas que nos rodean.

Como enferma crónica, como decía antes, mi vida pasa entre medicamentos, pruebas, pastillas y visitas a diferentes especialistas. Esto tiene sus cosas buenas, sobre todo si mantienes una buena relación con tu oncólogo, como es mi caso, o si das con un  personal excepcional en el hospital de día, como también es el caso. Pero también tengo mi talón de Aquiles personal que son las pruebas de diagnóstico. Siempre me las hacen con contraste y los técnicos de rayos no destacan precisamente por su pericia a la hora de coger vías, con lo que más de una vez he salido de la sala de radiodiagnóstico como un alfiletero con más de cinco o seis pinchazos. Así fue la última vez... y menos mal que con la misma vía me hicieron dos pruebas.

La cuestión es que a estas personas, aparte de darles más formación en temas de pinchazos y agujas, también les deberían dar unos cursillos si no de "humanidad" si de comunicación con el paciente. Yo estoy de los "cariños" y "bonitas" hasta las tetas... no me gusta que me traten así, me parece infantilizante y humillante y más todavía cuando todavía no he escuchado que a ningún hombre le llamen "cariño" o "bonito" en la sala de radiodiagnóstico; pero eso es harina de otro costal.

En segundo lugar, cuando no te pueden coger una vía empiezan con la retahíla de "te has dejado las venas en casa" o "hay que ver cómo las tienes", como si la "culpa" la tuvieras tú en lugar de ellas que no aciertan a dar el pinchazo.

- Sí, bonita, cuando veo que metes la aguja cojo la vena y la muevo por el mero placer de fastidiarte- pienso algunas veces cuando me dicen estas cosas. -Eso y mi vena sadomasoquista, que me encanta venir aquí a que me pinchéis y sufráis haciéndolo.

Si quieres hablamos del tiempo o de lo que sea mientras me pinchas, pero no me eches la culpa de no encontrar una vena que puedas canalizar fácilmente.

En tercer lugar, hay veces que habiendo o no pasado por los pasos uno y dos, te dicen eso de "que vaya todo bien" o "ya verás como no es nada" o "te vas a curar enseguida". Pues no, nada de eso va a pasar, por desgracia, ya me gustaría... Y el hecho de que te suelten esas obviedades, por lo menos a mí, no me hace ningún bien. O porque se te pone mal cuerpo de pensarlo y de darte cuenta de tu realidad y además decides no decirles nada por no hacerte más daño todavía... O porque tienes el día tonto y les respondes -No, yo no me voy a curar, tengo un cáncer metastásico- y puedes pararte o no a ver la reacción. La cuestión es que no deberían ponernos en esa tesitura, y es tan fácil como mirar tu historial que lo tienen a mano y si no lo hacen por temas de privacidad del paciente, en el volante de la prueba viene bien indicado lo de paciente de cáncer de mama metastásico. Y, además, si te ponen en esa tesitura, que, además, no te hagan consolarles cuando les dices que lo tuyo no se cura.

Así que aprovecho este mi blog para pedirles a los responsables de radiodiagnóstico que aunque no den a sus empleados cursillos de canalización de vías, que seguro que son más caros, que unos cuantos consejos o un protocolo sobre cómo tratar a los pacientes y qué cosas decir y cuáles no, es una medida urgente, al menos desde mi experiencia personal... Y no me digáis que soy picajosa, que en estos dos años y medio llevaré cerca de veinte TACs y otras tantas resonancias, así que sé de lo que me hablo.




miércoles, 17 de octubre de 2018

Las mujeres seguimos muriendo de cáncer de mama

Todavía hay quien se sorprende de escuchar que alguien murió de cáncer de mama. Los medios de comunicación, y la sociedad en general, nos vende la imagen edulcorada del lazo rosa, de las famosas con pañuelo rosa en el pelo, de los avances en investigación, de las historias de superación, etc. Por eso, todavía hay a quien le cuesta asumir que el cáncer de mama sigue siendo una enfermedad mortal. Que sí, que es verdad que el 80% de las mujeres que lo padecen se curan, pero... ¿Qué hacemos con el 20% restante? Porque esas son las que mueren, las que morimos...

1 de cada 5

No es una cifra nada desdeñable. Y con ello no quiero asustar a nadie, sino constatar una realidad de la que no se habla porque no vende, porque no es bonita, porque ningún político ni gerifalte de instituto de investigación se puede congratular ni dar apretones de manos vigorosos en los medios con esta estadística detrás.

Y sí, es un triunfo social y médico que 4 de cada 5 mujeres se curen y puedan seguir con su vida y después de pasar por un cáncer de mama y "solo" (léase en tono irónico) tengan que luchar con las secuelas de operaciones, tratamientos, etc.

Pero es que en España se estima que somos unas 20.000 mujeres las afectadas por cáncer de mama metastásico, o en estadio IV, sí, ese que no se cura, sí, ese del que no se habla. Aunque se hable cada vez un poquito más porque hemos decidido que no nos vamos a callar. Nos alegramos por nuestras compañeras que se curan y nada más lejos de nuestra intención asustarlas o ser agoreras haciéndoles pensar en recidivas o recaídas, pero es que ninguna mujer ni ninguna sociedad actual debería vivir con una venda en los ojos... Una venda que, además, resulta ofensiva para las afectadas, para las marginadas: nos vemos enfermas, con un pronóstico atroz y además ignoradas por la sociedad que prefiere la vertiente simpática del lazo rosa.

Pues no, las mujeres SEGUIMOS MURIENDO DE CÁNCER DE MAMA. Ignorar esta realidad es retrasar el momento de mantener un abordaje serio, centrado en la investigación y orientado a la curación de la enfermedad (mucho más allá de la cronificación o los cuidados paliativos que es lo que nos ofrecen hoy en día).

Ayer (17 de octubre de 2018) murió Miriam Ruíz de Larrinaga, más conocida en las redes sociales como Mamá en Red. Con sus 39 años, dos hijas y toda una vida por delante, la enfermedad la arrolló y acabó con su cuerpo, aunque nunca con su sonrisa y sus ganas de vivir. No hay más que ver su labor altruista en la web Vive tu cáncer, sus publicaciones en IG, su activismo a favor de la Asociación Cáncer de Mama Metastásico,

Miriam era una luchadora... Nadie puede decir que perdió la lucha contra el cáncer o el cáncer la venció, nada de eso. El puto cáncer se la llevó por delante, la atropelló y puso fin a una vida que merecía ser vivida en todo su esplendor, a una madre que merecía entregarse a sus hijas durante mucho tiempo, a una amiga que merecía muchos cafés y charlas de tarde de invierno... Tantas cosas se han perdido, tantas cosas se han truncado con la desaparición del cuerpo que envolvía ese alma y esa sonrisa, que resulta más duro todavía seguir viendo la imagen edulcorada del lazo rosa.

No señores, no somos rosas, hoy somos negras, negras de luto, y así deberíamos ser todos los días, porque cada día se marcha alguna, cada día hay más VÍCTIMAS del cáncer de mama... y lo digo en mayúsculas, víctimas, porque eso es lo que somos, daños colaterales de la dejadez de las instituciones y la sociedad que se centran en vendernos el lacito rosa, el cáncer como una enfermedad superada y que se cura... ¡¡¡Qué no coño!!! ¡¡¡Qué no!!! Y es que solo me salen improperios y palabrotas en estos momentos... Si nos centráramos en lo verdaderamente importante ese 20% se reduciría al 18% y luego al 15% y luego al 12% y muchas mujeres se salvarían de la masacre del cáncer de mama.

Nos rasgamos las vestiduras cuando hablamos de la violencia de género... Y está bien hablar de ello. Pero generemos debate social también en torno a las mujeres que pierden la vida víctimas del CÁNCER DE MAMA, abandonemos ese discurso triunfalista porque no es real, porque queda mucho por hacer, porque si no hemos conseguido salvar a Miriam, habrá otras muchas mujeres por salvar que hoy son niñas y que no merecen morir arrollladas por un cáncer de mama.

Y somos víctimas, no superheroínas, ni luchadoras, ni guerreras que perdieron una batalla. Que a nadie se le ocurra decir que Miriam no venció su cáncer porque no luchó, porque no se cuidó o porque no tenía ilusión o una mentalidad positiva... porque estaría mintiendo vilmente. Y aún así Miriam ha muerto. No se ha marchado, no ha perdido una batalla, ha MUERTO. Con todas las letras, con todas las mayúsculas,... Su muerte es una muerte que debería avergonzar a una sociedad centrada en el triunfalismo en la lucha contra el cáncer de mama. Su muerte pasará desapercibida para la mayoría de la gente que decide los presupuesto o gestiona las políticas de investigación. Pero su muerte está ahí, es una realidad, una realidad que no es rosa sino fea y gris. Y no debería pasar desapercibida. Ni la muerte de Miriam ni la de muchas otras mujeres.

A las que quedamos aquí, penando por su muerte y empatizando con su familia y amigos, nos queda ponernos en su lugar. Tener la certeza de que su destino es el mismo que el nuestro (a no ser que nos atropelle un coche primero) y luchar porque no se la olvide, porque no se nos olvide a ninguna de las que estamos ni de las que ya no están, luchar por no pasar desapercibidas, por no resultar engullidas por la marea triunfalista del lazo rosa o del diagnóstico precoz,... Y el problema es que somos pocas y convivimos con la enfermedad, con lo que nuestros esfuerzos se quedan pequeños en comparación con otras campañas relacionadas con la enfermedad.

Adios Miriam. Te mando a mi Pequeña Flor a que te guíe por entre todas esas estrellas que publicabas hace poco en IG y a que te ayude a brillar en el firmamento tan intensamente como viviste. Siempre serás un ejemplo, siempre serás una guía, siempre te llevaremos con nosotras. Ojalá tu muerte sirviera de algo, ojalá tu pérdida dejara de ser otro absurdo daño colateral en el camino a desterrar al cáncer de mama de una vez por todas como ese asesino silencioso que nos acecha detrás de las esquinas. Ojalá.





martes, 9 de octubre de 2018

El cáncer y el mito del buen salvaje

Es muy fácil pensar que el cáncer viene derivado de los estilos de vida actuales. Suponemos que cómo cada vez hay más enfermos de cáncer, es algo de lo que hacemos lo que provoca que las células se vuelvan locas y provoquen la enfermedad.

Pero nada más lejos de la realidad. No es que haya más o menos cáncer, que no tengo los datos delante ahora mismo, sino que se habla más de ello. No solo en los medios de comunicación, sino también entre las personas, en las redes sociales,...

Ya no es una enfermedad que se oculta o que se vive con "verguenza", sino que es cada vez más normal ver a pacientes oncológicos que salen a la calle sin pañuelo y sin sombrero o que solicitan servicios de estética para verse mejor (cejas, uñas y todas esas partes de nuestra anatomía que sufren especialmente con la quimioterapia y demás tratamientos).

El cáncer forma parte de nuestro día a día, no como una gripe más (eso sería banalizarlo demasiado), pero sí como una enfermedad que nos afecta, si no personalmente, sí a través de amigos y/o conocidos.

Karkinos
Pero el cáncer es una enfermedad "antigua". De hecho fue el famoso "médico" griego Hipócrates el que le puso el nombre a la enfermedad, denominándola "karkinos", algunos dicen que por la similitud de los tumores o "úlceras malignas" a la forma de un cangrejo. Pero incluso en algunos papiros egipcios anteriores al auge de la cultura griega clásica se describen ya casos de cáncer, cáncer de mama y cáncer de útero.

El cáncer, pues, parece que ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. Entonces, parece lógico pensar que "nada" nos va a librar del cáncer, tal y como intentan vendernos algunos gurús posmodernos. Podemos "descomprar" papeletas, jugar con la estadística adoptando todos aquellos hábitos saludables que reducen el riesgo de padecer un cáncer, pero, aún así, siempre quedará el margen de "indeterminación" que puede hacer que, aunque seas la persona más sana y con los mejores hábitos y rutinas preventivas, desarrolles la enfermedad.

Así pues, por mucha comida ecológica, vida "del buen salvaje" que queramos instaurar en nuestro día a día, seguimos estando en riesgo de padecer cáncer.

¿Y a qué viene todo esto? No es que me haya puesto en plan pesimista y con ánimos de pensar que como yo tengo cáncer todo el mundo lo puede tener. No, no se trata de eso. Se trata, por un lado, de los mensajes que recibo constantemente aseverando que la leche no es buena para el cáncer o que directamente lo produce, cuidado con las ondas wi-fi, no te estreses que es peor para tu enfermedad...

Y por otro, de los gurús que venden sus remedios o sus filosofías como panacéas contra el cáncer. Como si siguiendo sus dictados, estuvieras "libre de pecado" para siempre y nunca fueras a enfermar.

Pues no. El cáncer lleva con nosotros mucho tiempo y bien es cierto que cuanto más nocivos son los hábitos y modos de vida (humo en las ciudades, tabaco, obesidad, sedentarismo, exceso de consumo de alimentos ultraprocesados, etc.) más crece la incidencia de la enfermedad. Pero tampoco es cierto que porque nos alejemos de todos esos hábitos, nos vayamos a librar del cáncer. Ojalá. Ojalá hubiera una fórmula mágica que pudiera seguir todo el mundo para no tener que pasar por esta experiencia nunca jamás. Es un bonito sueño.

Pero mientras nos sigamos centrando en lo accesorio ("será que comía mal", "tomaba demasiados lácteos", "si hubiera vivido en el campo no hubiera enfermado", "tenía demasiado estrés en el trabajo", etc:), nos centramos en "culpar a la víctima" y nos alejamos de lo fundamental: la necesidad de seguir investigando para lograr alcanzar una cura de los cánceres que a día de hoy no la tienen, como el cáncer metastásico de cualquier tipo y especialmente el cáncer de mama metastásico que es el que me afecta a mi.

Así que en lugar de centrarnos en el paciente, que es el que sufre la enfermedad , centrémonos en demandar a la sociedad y a los políticos mayores esfuerzos en la prevención, diagnóstico, tratamiento y curación del cáncer. Porque ahí sí que conseguiremos un avance productivo mucho más allá de culpabilizar al enfermo.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El negocio del lazo rosa

Llega octubre y con él, el mes del cáncer de mama. El mes en el que todo el mundo quiere ser solidario con un problema que afecta o afectará de cerca o de lejos al 50% de la población. Se calcula que 1 de cada 8 mujeres sufrirá cáncer de mama a lo largo de su vida (según la AECC), pero un porcentaje aún mayor se detectará algún bulto o zona dura en el pecho y pasará por el periplo de mamografía, ecografía y/o biopsia para después obtener un dignóstico benigno que nada tiene que ver con el cáncer.

Luchar contra el cáncer de mama es "bien"... Lo cual quiere decir que todas las marcas, empresas, famosos e influencers quieren subirse al carro de la lucha contra el cáncer de mama. El que más, el que menos, se hará una foto con un lacito rosa que no hace daño a nadie... A nadie, excepto a las que vivimos el cáncer de mama y convivimos con él en nuestro día a día durante años (y esperemos que por muchos más) y sabemos que esta enfermedad no tiene nada de rosa.




El cáncer no tiene nada de rosa, yo diría más bien que es del color de las palmeras de chocolate, esas que hemos estado posteándolo para @mito_de_sisifo si el cáncer es un marrón y muy gordo y no tiene nada de bonito. Paula nos ha dado una lección de valentía pero también una sacudida en nuestras conciencias. Nos ha hecho reflexionar, o a mi por lo menos, lo real que es, esa frágil línea entre estar y no estar y como en un minuto pasas de estar bien a un diagnóstico donde la batalla se a terminado. Si pienso en el color rosa me viene a la cabeza, flores, malvaviscos, corazones, etc y no en cansancio, miedo, pruebas y tratamiento que te dejan machacada. El cáncer y más el metastásico, llega silencioso y en silencio te va destruyendo, lento o rápidamente, hasta que no hay más que hacer. Esto se supone que sea rosa?. Si tú crees también el cáncer no es rosa, no pongas en tu muro ningún lazo rosa y si quieres en cambio pon en tu muro uno sin color, con el #elcáncernotienenadaderosa 💜💜Si luchas puede que pierdas, pero sino luchas ya has perdido! 💪🏼💪🏼 #pacientesactivascmm #mamaconmetas #nosoyunlazorosa #fightlikeagirl #fuckcancer #cancerdemamametastatico #cancerdemamametastasico #somosunoceano #montañarusa #metastasierterbrustkrebs #metastaticbreastcancer #cancerdemama #mammamia #dontignorestageiv #cure #cancerresearch #yolucho #curaparaelcancer💜💜
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¿Quién sale ganando?
Yo tengo un negocio y desde 2016 que llevo diagnosticada de cáncer de mama en estadio IV me he preguntado si hacer algún tipo de "campaña" en octubre en mi tienda para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer de mama. Al final, nunca lo he hecho. Siempre he pensado que si quería donar, podía donar mi dinero, una parte de la recaudación, un porcenaje o mi dinero personal, pero sin hacer publicidad ni alharaca al respecto, porque no deja de ser una "mediocridad" y una manera de asociar mi empresa o mi persona a unos valores de lucha contra una enfermedad que nada tiene que ver con mi negocio (si cabe de una manera tangencial) y de apropiarme de unos valores buscando el propio beneficio.


Y eso es lo que veo cada vez que veo una de esas campañas de "compra X" y "donaremos Y" a una asociación contra el cáncer o a la investigación sobre el cáncer de mama. ¿Perdón? ¿Compra X? O sea, que lo que quieres es aprovecharte de la preocupación de la gente por el cáncer de mama para aumentar tus ventas. Que vale que vas a donar el beneficio (aunque yo no sé si vas a donar el beneficio o una parte marginal de él), pero a costa de aumentar tus ventas. Vamos, que vas a donar el dinero de tus compradores, no el tuyo propio.

Y es que es muy elástico decirle a la gente que te compre para luego tú donar una parte de las ventas. Lo primero, porque, como he dicho antes, lo que vas a donar es el dinero de tus clientes, no el tuyo propio, con lo cual tampoco es que haya mucho compromiso por parte de la empresa que hace la campaña "compra X y donaremos Y"... Pero es que, además, las empresas se benefician de descuentos fiscales por las donaciones a ONGs y demás, con lo cual, no solo no ponen NADA de su dinero sino que, además, en muchos casos, hay un BENEFICIO fiscal obtenido a costa de los compradores.

Pongamos como ejemplo una bolsa de pipas que vale 5 euros, de la cual se va a donar en el mejor de los casos el 10% a la investigación. Por cada bolsa de pipas, la empresa dona 50 céntimos... Pero 50 céntimos que no han salido de sus bolsillos sino de los tuyos que has comprado esas pipas que no tenías pensado comprar solo por apoyar la campaña de donación. ¿No sería mejor que donaras directamente los 5 euros a la asociación, investigación o campaña que supuestamente está apoyando el vendedor de pipas? Y cuando a final de año, el vendedor de pipas se beneficie de un descuento en sus impuestos ¿Lo donará también a la campaña o lo anotará en su contabilidad y ya?

No estoy hablando de artesanos, por ejemplo, que hacen camisetas o pulseras con el único objetivo de recaudar fondos. Son cosas muy diferentes. Hay iniciativas, como save the mama, cuyo único objetivo en la venta de productos es recaudar fondos para la investigación.

1 minuto de investigación
Estoy hablando más bien de campañas como las de Ausonia, que se vanagloria de donar 1 minuto de investigación por cada envase vendido en campaña, pero nunca publica las cifras o los datos y sus donaciones son fijas, independientemente de las ventas. Sin embargo, en la comunicación al usuario, da a entender que cuántos más paquetes de compresas de su marca compres, más estás apoyando la investigación contra el cáncer...

Una máxima que si no se apoya con datos (ya sea porque se venden menos envases de los previsto y dicen que guays somos que completamos la inversión, ya  sea porque se venden más y no publican los datos para no tener que invertir más dinero del que tenían previsto y embolsarse así la diferencia).

Al final, quien sale ganando en todo esto no somos las mujeres, las pacientes, las enfermas, y las que en el futuro se beneficiaran de mejores técnicas diagnósticas, de procedimientos que eviten la enfermedad o tratamientos que la curen más y mejor... No, quien sale ganando en el negocio del lazo rosa, son las empresas que se apropian de todos los valores positivos asociados a la lucha contra el cáncer, que se apropian de todo el trabajo de difusión, investigación y divulgación que hacen las asociaciones, ONG, universidades e investigadores para mejorar su propio prestigio y beneficio.

En el mejor de los casos, solo perseguirán asociar esos valores a su política de "responsabilidad social corporativa"... En el peor de los casos, lo anterior más un aumento en las ventas... Además, nadie regula el uso del lazo rosa. Cualquier empresa/negocio puede poner un lazo rosa en su producto y/o escaparate como "apoyo" a la causa y no donar nada de lo recaudado/vendido.

El que no corre, vuela
Por otro lado, a veces el dinero donado va a empresas/asociaciones que poco o nada tienen que ver con la investigación o con la mejora de la calidad de vida de las mujeres afectadas. En otros casos, hay un máximo de donación que se va a realizar pero nadie informa cuando se alcanza y así se aprovecha el tirón y que el público siga comprando. Otras veces la cantidad donada es irrisoria, como en carreras en las que el dorsal cuesta 11,60 €, pero solo 1€ se destina a la investigación contra el cáncer de mama. En el caso del enlace fueron 16.000 los euros donados (de 16.000 participantes, supongo), pero si esas 16.000 personas hubieran donado el importe íntegro de su dorsal a la investigación, la cifra recaudada hubiera alcanzado casi los 200.000 euros... ¡¡¡Una gran diferencia!!! Todo ello sin contar lo que se embolsó la organización del evento y los "posibles" beneficios una vez descontados todos los gastos del evento.

Mi consejo es que en estos casos, ante la duda, lo mejor es donar directamente a la investigación. Que una empresa cuyos productos tú compras normalmente decide donar parte de las ventas a la lucha contra el cáncer, estupendo... Pero no compres cosas que no necesites o vayas a comprar una pipas a X sitio un día en concreto porque van a donar parte de lo recaudado, porque quizás sea más útil que destines los 3 euros de las pipas a una donación directa, en lugar del euro que donará el vendedor de pipas.

Y si no sabes a quién donar, yo te recomiendo que te pases por la página de la Asociación Cáncer de Mama Metastásico y te hagas socio o hagas tu donación. Todo lo recaudado va a parar a proyectos de investigación destinados a que un día se deje de usar la frase "el cáncer metastásico no tiene cura".

lunes, 1 de octubre de 2018

La salud es injusta

Nos pasamos la vida defendiendo y buscando la justicia. Justicia social, justicia penal, justicia laboral... Y nos cuesta asumir que hay ámbitos de la vida que son esencialmente injustos, como la salud.

Nada nos garantiza que vayamos a tener buena salud, nosotros, los nuestros o nuestros hijos. Podemos tener buenos hábitos, no fumar, comer de manera adecuada, hacer ejercicio, vivir en una zona con el aire limpio y, aún así, solo conseguiremos aumentar nuestras probabilidades estadísticas de mantenernos sanos, pero nada, absolutamente nada, nos puede garantizar que "efectivamente" estaremos sanos.

Podemos vivir en el pueblo con el aire más limpio y no haber fumado un cigarro en la vida y aún así coger la gripe todos los inviernos, podemos llevar la dieta vegana depurativa más saludable y aún así contraer una gastroenteritis, podemos hacer muchísimo ejercicio y, a pesar de ello, tener una mala caída y rompernos un hueso... En el fondo, todos estos males o enfermedades, son "males menores" que se curan con medicamentos y cuidados apropiados.

Lo realmente "injusto" viene cuando contraemos enfermedades crónicas de las que ya no nos vamos a librar nunca. Cuando nos diagnostican un cáncer de pulmón, una enfermedad de Chron o una esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
- Porque a veces da igual lo que te hayas cuidado o no, la enfermedad te coge igual.
- Porque a veces da igual que seas "viejo" o "joven"; la enfermedad no distingue de edad.
- Porque da igual que hayas sido buena o mala persona; la enfermedad no distingue de valores éticos.
- Porque da igual que seas un miembro productivo o improductivo de la sociedad

Porque todo da igual. La enfermedad es tremendamente injusta. Injusta sobre todo para los que la vivimos en nuestras carnes y en las de los que nos rodean... Quien no vive esta experiencia no suele pararse a pensar en la tremenda suerte que tiene de vivir cada día libre de enfermedad, sin temor al mañana, a las recaídas, a los días malos y los días buenos, a las repercusiones de olvidar tomar una medicación, al miedo a que el tratamiento deje de funcionar, al estrés de someterte a un TAC o una resonancia sabiendo que tendrás que esperar una o dos semanas para obtener los resultados y saber si tu enfermedad sigue estable o se ha descontrolado.

Y estas enfermedades, lo creamos o no, nos pueden coger a cualquiera. Viejo o joven, carnívoro, omnívoro o vegetariano, licenciado en prisiones o con sin expdiente policial, político corrupto o perroflauta de a pie... Da igual que tengas hijos o no, que tengas quien te cuide o vivas solo y acompañado de gatitos, cuando llega, llega, y da igual lo que grites, patalees, te rebeles o pienses en lo injusto de la situación.

Y lo peor de todo es cuando ves sufrir a tu alrededor a gente en tu misma situación, con tu misma enfermedad, mujeres jóvenes, con hijos que apenas acaban de empezar el colegio, a las que los médicos ya han dado por desahuciadas, mujeres a las que las quedan días o semanas de vida... Y entonces piensas en lo injusto que es que esas niñas se queden sin madre mientras hay "locas de los gatos" más sanas que una manzana y a quienes pocos o ninguno iba a echar de menos si tuvieran el mismo pronóstico/diagnóstico... Mientras hay políticos corruptos que se dedican a robar el dinero de los demás para construirse casas de lujo y comprarse deportivos, mientras hay locos que se dedican a matar o maltratar a las personas a las que deberían proteger, mientras, mientras, mientras...

La vida es injusta y la salud lo es más todavía. Es una verdad que, aunque no lo parezca, me cuesta seguir asumiendo cada día... Y en estos últimos, no por mí, sino por las que me rodean que sufren o que ya no están. En el fondo, cada vez que lloramos juntas la pérdida de una compañera a manos del maldito cáncer de mama no podemos sino ponernos en su lugar, saber que un día yo seré la llorada, y sentir al mismo tiempo pena, alivio, culpabilidad, malestar, miedo... Y sobre todo, indignación, por lo injusta que es la salud, un regalo invisible y muy inapreciado cuando la tienes y tu más ansiado deseo cuando no la tienes.

lunes, 16 de julio de 2018

Luces y sombras o la historia mi cáncer publicada en la revista La Vie en Rosa

Quererse, aceptarse, no se aprende en el instituto. Se aprende con el amor hacia sí mismo, con la paciencia y el tiempo. Sonreír cada mañana frente al espejo para convertirlo en nuestro mejor amigo y no en el enemigo número uno debería ser una asignatura obligatoria en la escuela. Quizá, evitaría un malestar recurrente en niños, adolescentes y adultos; quizá, la sociedad evolucionaría de manera diferente sin tanto odio y desprecio hacia los demás.

Solo tenemos un cuerpo. Unas nacen como sirenas; otras, no. Lo que hay de cierto es que por salir de los cánones de belleza que nos imponen los estilistas de moda, las revistas femeninas y la sociedad en general parece que no somos ni deseables ni seductoras. Este lavado de cerebro empieza desde la infancia para no acabar nunca… O sí: el día que entendemos que valemos la pena, que como nosotras no hay ninguna (por supuesto, es aplicable a los hombres).


A Eloísa no le gustaba su cuerpo. Es más, lo odiaba por no estar en línea con los que las revistas nos presentan diariamente, hasta la saciedad. Curiosamente, son sus hijos y la enfermedad lo que le ha permitido abrir los ojos. “Este cuerpo que me está matando me ha dado lo que más quiero en el mundo”, escribe hablando de sus hijos, describiendo sus estrías. 

No hay ninguna historia de persona con cáncer que no me impacte, pero he de decir que leer el post de Eloisa el pasado 28 de septiembre me llegó al alma. Lo quise compartir en el Instagram de La Vida en Rosa, pero fue imposible porque había demasiado texto. Por no recortar las preciosas palabras que escribió, me puse en contacto con ella. Y allí estamos, hablando de lo que es o no importante en la vida o del amor que nos tenemos que dar a nosotras mismas, y eso, más allá de la propia experiencia del cáncer. Eloisa tiene tres hijos, es bloguera y emprendedora*. Convive con la enfermedad desde hace casi dos años, con sus altibajos. 

El post de Eloísa  en IG y su foto:
Esta soy yo. Con mis luces y mis sombras. Todas mis células, mis músculos, mis huesos, mis cuatro pelos, mis pieles colgantes, mis estrías, mi celulitis, mis queloides y mis cicatrices, mi cara de luna y mis moratones post heparina… Y mi cáncer, que no sale en la foto, pero se respira en cada poro.
En este cuerpo he nacido, he crecido, he engordado y adelgazado, lo he llevado puesto cada día, en él he sangrado y gozado, reído y llorado, en él han latido cinco corazones además del mío, ha dado vida y ha albergado muerte.

Este es mi cuerpo. Y la mayor parte de mi vida lo he odiado por no adaptarse a los cánones establecidos: demasiado gorda, demasiado alta, los pies demasiado grandes, las cejas demasiado pobladas, demasiado pelo en las piernas…

Es paradójico que justo ahora, cuando mi cuerpo me está matando, más haya aprendido a amarlo por todo lo que me ha dado más allá de esos juicios externos que he aprendido a obviar por irrelevantes y esos cajones en los que siempre me ha sido imposible entrar. 

Me ha dado lo que más quiero en este mundo y lo que más echo de menos. Miro mis estrías en el espejo y no me avergüenzo de ellas sino que las veo como condecoraciones a mi útero y mi vientre por su desempeño más allá del deber.

Veo en mis carnes descolgadas, brazos amorosos y regazos confortables. En mis piernas y sus texturas, dos columnas griegas que me sostienen con dignidad. En mi calva brillante el cerebro que alberga mi alma y mi pensamiento. Me veo y no me reconozco y sin embargo soy cada vez más yo, con mis luces y mis sombras. Con mi salud y con mi cáncer.

Esta soy yo y me ha costado mucho tiempo no avergonzarme de mi cuerpo, aceptarlo como es, como parte de mí misma, amarlo y mostrarlo, con mis luces y mis sombras.


Parece fácil asumir quiénes somos, hablar de nuestras luces y sombras en público además, pero no lo es. ¿Por qué lo has hecho?

No, no es nada fácil hablar sobre uno mismo y exponerse, y menos aún hacerlo en las redes sociales. En primer lugar, necesitas ser sincera contigo mismo en la manera de verte y de percibirte.  Asumir tu propia realidad tal cual es, olvidándote de lo que te gustaría ser… Y ser consciente tanto de tus puntos débiles como de tus puntos fuertes. Además, también tienes que ser consciente de cómo te percibe el mundo que está a tu alrededor. 

Una vez has hecho este proceso, es mucho más fácil hablar en público sobre ti misma. Llegó un momento en el que entendí que lo importante era cómo yo me viera y me percibiera a mí misma, librándome del yugo de las percepciones ajenas y de las imposiciones sociales… Y esto me dio alas para mostrarme al mundo tal y como soy, tanto a la gente más cercana como a los que me viven y me leen al otro lado de una pantalla. 

¿Por qué lo he hecho? Porque creo que hoy en día es importante dar visibilidad a la ‘imperfección’. Creo que los seres humanos somos por definición imperfectos y a veces el exceso de imágenes y de información, el postureo de las fotos perfectas y las personas de ‘ensueño’ nos llevan a denigrarnos a nosotros mismos, a ponernos metas irreales, a dejar de querernos y entrar en un círculo peligroso de aspiraciones imposibles y odio.
 
Por eso necesitamos más referentes de personas ‘reales’, de verdad. Además, cuando estamos enfermos, cuando somos enfermos crónicos de cáncer, también hay una percepción social equivocada. Campañas de mujeres perfectas y con pelo poniéndose un pañuelo rosa, mensajes de lucha y superación que no siempre son reales. Y en una sociedad en que cada vez se margina más lo feo, lo que no promueve el consumo o cualquier referencia a la muerte, es importante darnos visibilidad a nosotras mismas, las enfermas crónicas, el lado menos bonito del cáncer… Porque, si no, además de enfermas, nos sentimos aplastadas por una imagen social que no nos refleja y nos impide expresarnos.

¿Te sirve de terapia sacar todo lo que tienes dentro?

Claro que sí. Cuando fui madre, abrí un blog sobre maternidad. Hace cinco años sufrí la pérdida de un bebé, mi pequeña Flor, y entonces ya me enfrenté a la losa de silencio social que se impone en este tipo de situaciones. Un muro que me impedía expresar mis sentimientos por temor al rechazo o la incomprensión… En cambio, en mi día a día, me encontré con muchas madres que habían pasado por situaciones similares y que sentían necesidad de compartir su duelo y su dolor. Ahí empecé a escribir mi blog desde un punto de vista mucho más personal, narrando mi vivencia sobre la muerte gestacional y la pérdida perinatal. Y, curiosamente, me servía como terapia y como punto de encuentro, y me facilitó enormemente transitar el camino del duelo necesario para seguir adelante con mi vida y con mi familia. 

Con el cáncer, y más todavía con el cáncer metastásico, creo que es igual. Es necesario abrir espacios de diálogo y de reconocimiento social. Pero más allá de todo ello, poder expresar lo que sientes (rabia, miedo, incertidumbre, dolor, tristeza, etc.) es un paso más para integrar esos sentimientos y superarlos, dejando espacio a todo lo positivo que podemos extraer de nuestra vivencia y aprendizaje.

¿Cómo explicas que hayas necesitado caer enferma para darte cuenta de lo que tu cuerpo representa? Más allá de este, de lo que tú vales, porque, en cierta manera, ¿está íntimamente ligado, verdad?

No ha sido solo la enfermedad sino un largo viaje por la vida y por el autoconocimiento y por el camino del amor hacia una misma. Siempre he sido una persona que se ha salido de los estándares establecidos para una mujer: demasiado alta, demasiado gorda, e incluso a veces, demasiado lista. Es muy complejo entretejer tu amor propio en una sociedad en la que todas las imágenes y estereotipos te dejan de lado.

La enfermedad te enfrenta de manera muy cruel a un yo cambiante, a un cuerpo que ya no responde como antes, a días en los que ni siquiera te reconoces en el espejo. Y ante eso, tienes dos opciones: hundirte y esconderte de los demás o hacer de tus defectos tus armas, asumirlos e integrarlos, saber de dónde vienen y amarlos para aprender a amar a este nuevo yo al que te tienes que enfrentar cuando ya no cabes en ninguno de los esquemas anteriores.

¿Se puede recibir el amor de los demás, de nuestra pareja, cuando una no se acepta?

Claro que se puede, de hecho, muchas personas que no se aman a sí mismas dependen excesivamente del amor de los demás como herramienta para darse validez. Lo difícil es amarse uno mismo y, cuando transitas por ese camino, es más fácil aceptar el amor de los demás de una manera más sincera y auténtica.

En mi caso, mis hijos han supuesto una catársis en este sentido. No hay amor más entregado y menos dependiente de las imágenes sociales que el de los hijos. Ellos nos quieren altas o bajas, delgadas o gordas, sanas o enfermas, y se entregan incondicionalmente a nosotros. Si tu corazón está abierto a esta entrega, su amor es como un bálsamo sanador que ayuda a restañar viejas heridas y a seguir adelante.

Dices que en el momento de tu vida en el que más te cuidabas te diagnosticaron tumores cerebrales. Llegas a la conclusión de que cuidarse debe ser sinónimo de satisfacción y que no impide caer enferma. ¿Crees que se hace mucho negocio a costa de las personas enfermas y de la gente en general?

No solo se hace negocio sino que, además, todas esas personas que venden terapias o dietas milagrosas para curar el cáncer contribuyen a cimentar la idea de que las personas que enferman de cáncer es ‘porque quieren’, porque no se han cuidado, porque no han hecho ejercicio, porque han comido de manera inadecuada… Y entiendo que esta idea es muy atractiva, es un escudo para todas aquellas personas que, estando sanas y teniendo miedo a enfermar, se sienten protegidas frente a la enfermedad porque siguen una dieta en concreto o toman suplementos de colágeno y vitamina D. 

Pero el lado oscuro de todo este poso social es la culpabilización del enfermo, ‘culpar a la víctima’, también en el ámbito del cáncer y de la enfermedad. Son incontables las personas que se han acercado a mí a preguntarme si he cambiado de dieta después del cáncer. Asumen que mi dieta era incorrecta y que ello ha contribuido a mi enfermedad… Y nada más lejos de la realidad. Creo que mi dieta es más sana que la de muchas de estas personas que lanzan estas preguntas aparentemente inocentes pero llenas de acusaciones subyacentes. 

A todo esto se añade la creciente caterva de gurús que hablan de la dimensión emocional de la enfermedad y que abonan la percepción de que hemos enfermado por tener pensamientos negativos, rabia, ira, estrés, etc. Un paso más en la culpabilización de la víctima… Un escudo más para todos aquellos que piensan que solo por pensar en positivo se librarán del cáncer. Una vía más de negocio para vender meditaciones y baños de sol como curas milagrosas pare enfermedades que la ciencia ha declarado incurables.
Yo creo firmemente que tenemos que llevar una dieta adecuada basada en el consumo de frutas y verduras, cereales integrales, huevos, carne y pescado de calidad y disminuyendo el consumo de azúcares, refrescos y zumos, bebidas alcohólicas y alimentos ultraprocesados porque es beneficiosa para todos los aspectos de la vida. No solo para evitar el cáncer, sino también la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiacas, etc. Pero también hemos de asumir que el cáncer es una enfermedad multifactorial y que hay gente que se cuida muchísimo y, aun así, enferma, y que “el tío Antonio del pueblo, que bebía vino y fumaba como un carretero”, aun así, vivió hasta los 92 años.
En resumen, desde mi punto de vista, tan dañino es el negocio de personas que pretenden aprovecharse del sufrimiento ajeno para ganar cuatro duros como los consejos bienintencionados de personas que, sin tener demasiada idea del tema, pretenden darnos lecciones de cómo tenemos que comer, sentir o amar.

Los tratamientos contra el cáncer metástasico han cambiado mucho estos últimos años. ¿Te sientes arropada, comprendida, por los equipos médicos?

Estar enferma tiene poco de positivo. Casi nada, en realidad. Una de las cosas más fantásticas de esta enfermedad ha sido descubrir la tremenda humanidad y calidez de las personas que te atienden en el hospital de día del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid. Y hablando con otras mujeres afectadas de cáncer, casi siempre el sentimiento es el mismo. El de un tremendo agradecimiento por esas personas que asumen que el hospital de día es nuestro segundo hogar. Los que se desviven por hacernos la estancia más cómoda y agradable. Que nos reciben y nos despiden con una sonrisa, que charlan contigo de lo divino y de lo humano, que cogen vías y pinchan ‘portas’ [PORT-A-CATH] como diosas, haciendo que hasta las venas más difíciles parezcan un paseo por el campo. Sin ellas, sin duda, todo sería mucho más duro.

Mi oncólogo también se ha convertido en una persona de referencia para casi cualquier ámbito de mi vida tal y como es hoy en día. Preferiría que no fuera así, pero estoy agradecida de haber dado con un profesional como él que combina el ‘saber hacer’ con una gran humanidad y cercanía, alejado de paternalismos, que te invita a hacer preguntas y responde de manera franca y directa, que nos refrena cuando queremos adelantarnos y que siempre nos invita a intentar quedarnos con la opción más positiva del abanico que se abre ante nosotras.
También me siento agradecida por el equipo de alergología. Si ya es difícil enfrentarte a un cáncer metastásico, más todavía lo es darte cuenta de que eres alérgica al tratamiento que debe alargar tu vida. Sin embargo, gracias a la fantástica labor e implicación de los alergólogos he podido seguir ‘enchufada a la vida’ con un protocolo de desensibilización que hace unos años hubiera sido imposible.

Creo también que aún queda mucho por hacer en otros ámbitos en los que el paciente oncológico no es el protagonista, como en las urgencias o en los servicios de radiodiagnóstico.  Pero también confío en que es un camino en el que los pacientes debemos jugar un papel fundamental reclamando un tratamiento de calidad, pero también con calidez humana.

¿En qué te ha cambiado el cáncer? ¿Tienes la sensación de aprovechar más cada minuto de la vida, dejando atrás las tonterías que nos ‘pre-ocupan’ a menudo?

Buf… El cáncer lo cambia todo y no cambia nada. Te hace enfrentarte a tu falibilidad, mirar a la muerte cara a cara, te invita a buscar la valentía necesaria para decirle a esa misma muerte que vuelva otro día porque tú no estás dispuesta a marcharte.
Los primeros días, semanas y meses son de una mezcla de horror y euforia. Horror al darte cuenta de que los planes a largo plazo han quedado prácticamente descartados de tu vida, de que tienes que olvidarte del plan de pensiones o de ese viaje que tenías planificado por la Ruta 66 [mítica ruta en Estados Unidos], de que tu día a día está marcado por la enfermedad… Pero también euforia por vivir, por aprovechar al máximo cada día, por disfrutar de todas las pequeñas y grandes cosas de la vida.
La realidad es que la rutina es una apisonadora que te sigue alcanzando más tarde o más temprano y que convierte, de nuevo, todo lo extraordinario en ordinario. Integras en tu día a día los ciclos cada tres semanas, las visitas al médico de rutina o de urgencias, te resulta cada vez más difícil maravillarte por los rayos de sol que te calientan en primavera…

Sí que es cierto que aprendes a relativizar los problemas, que te acercas cada vez más a las personas a las que amas y que destierras de tu vida a las que no te aportan nada, y que aprendes a disfrutar más del día a día, a no posponer. Uno de los hastag que más uso en las redes sociales es #momentosynocosas, que simboliza un poco este aprendizaje, este cambio de poner el acento en lo material a ponerlo en lo personal y en esas vivencias que son lo realmente importantes para mí, lo único que me llevaré conmigo y, a la vez, dejaré detrás con mis seres queridos cuando yo ya no esté.

¿Qué quieres transmitir a tus hijos?

Me gustaría que aprendieran la importancia de ser feliz, de quererse a uno mismo, de rodearse de familia y amigos, que se sintieran orgullosos de ser sinceros consigo mismos y con los demás, que acepten el regalo de la vida y se regalen a sí mismos a la vida, que aprendan de sus errores y crezcan con ellos… Me gustaría transmitirles la importancia de luchar contra la injusticia, la solidaridad, que entiendan que el éxito en la vida no se mide a través de los ceros en una cuenta corriente sino por tu satisfacción contigo mismo y con las cosas que haces. Sueño con que sean capaces de identificar lo que les apasiona y perseguirlo. Me gustaría que fueran adolescentes idealistas y adultos realista que no olviden los sueños del pasado o la alegría de la infancia… Y sobre todo, querría poder acompañarles en todos esos momentos tristes y alegres de la vida. Lo más duro que me ha robado el cáncer es el futuro con mis hijos, pero pienso luchar por arañar décadas y años a este destino injusto para poder estar todo el tiempo posible junto a ellos y al resto de mi familia.

*www.ohlaluna.com

martes, 4 de abril de 2017

Mi dieta cancerígena

Una instantánea de mi nevera.
Aceptar la enfermedad es algo muy duro. Aceptar la propia y convivir con ella es un trabajo ímprobo, pero a veces es incluso más complicado asumir la enfermedad de los demás. Entender que a veces esto es una "gafelotería" (como yo la llamo) y que nadie está libre de poder salir "premiado" es algo que, cada vez más, me doy cuenta de que es muy difícil de asumir por muchas personas.

Yo cada vez hablo con más naturalidad de mi enfermedad. Ya no me cuesta reconocer que estoy enferma y que un cáncer en mi fase no tiene cura. Y quizás eso es lo que lleva a un mayor número de gente a hacer de "oncólogos de sobremesa"... Cada vez más, hay gente que me pregunta

¿Y no has cambiado la alimentación?

Una pregunta que, aparte de ser disparada a bocajarro y sin previo aviso, me llena de múltiples interrogantes:

  • ¿De verdad sabes lo que como diariamente como para hacer un diagnóstico tan rápido y asumir que tengo que cambiar mi dieta?
  • ¿Dónde tienes el título de nutricionista, enfermero, médico, oncólogo?
  • ¿En qué te basas para recomendarme cambiar de dieta sin saber mi dieta inicial?
  • ¿Qué hábitos alimentarios me recomiendas para "combatir" mi cáncer? Porque me han recomendado macrobiótica, dieta vegana, dieta cetogénica, paleodieta... Y es imposible combinarlas todas.
  • ¿En qué evidencia te basas para recomendar una dieta para combatir el cáncer? 
  • Esa supuesta dieta milagro ¿sirve para todos los tipos de cáncer o solo para algunos?
  • ¿Y en todos los estadios?
  • Y lo que es todavía pero ¿No estarás insinuando que estoy enferma por llevar una mala alimentación?
Esos, y algunos más que se me ocurren otras veces. No tengo que dar explicaciones a nadie, pero ya puestos, te voy a contar mi dieta, a ver qué te parece. En mi casa
Mi compra semanal de fruta y verdura.
En realidad esto lo compré el sábado y hoy
he vuelto a ir y he comprado otros 10 kilos
de fruta y verdura.
  • Comemos muchos hidratos de carbono en forma de legumbres, pasta, arroz, cereales, patatas, etc. Lo combinamos con salsa de tomate casera, en guisos con verduras, y algunas veces en guisos con algo de carne o de pescado. Siempre compramos pan, pasta y arroz integral.
  • Comemos mucha verdura y mucha fruta. Siempre que puedo voy al rastrillo y compro unos 15 kilos de fruta a la semana y otros 15 de verduras. A veces incluso más. En temporada de fresas nos podemos comer entre todos unos seis kilos de fresas a la semana, por poner un ejemplo.
  • En nuestra despensa hay siempre verduras en conserva/congeladas para poder comer un primero de espárragos, menestra, guisantes, espinacas, etc.
  •  Normalmente compro, como muchísimo, unos dos kilos de carne a la semana para toda la familia (5 personas). Intentamos priorizar la carne blanca. 
  • El pescado nos cuesta algo más, pero lo vamos metiendo en guisos (patatas con sepia, fideuá) o en platos de pescado únicamente. A mí me encanta y lo suelo comer más a menudo que el resto. 
  • En cuanto a otras proteínas, tomamos lácteos a diario en el desayuno y normalmente una docena de huevos o docena y media (camperos o ecológicos) a la semana para todos.
  • Intentamos evitar toda la bollería industrial y cereales de desayuno azucarados. Hemos desterrado el colacao y la nocilla. Lo cambiamos por cacao sin azúcar y como opciones para meriendas y almuerzos, además de frutas o bocadillos, proponemos frutos secos. De vez en cuando hacemos repostería casera como magdalenas, tortitas, gofres, etc. siempre intentando minimizar el uso y consumo de azúcar. 
  • Tratamos de evitar al máximo los alimentos procesados o precocinados. Usamos la fritura como técnica de cocinado muy ocasional e intentamos dar más uso al horno. 
  • En nuestra casa no hay zumos, batidos o refrescos azucarados. Cuando tomamos algún refresco intentamos que sea sin azúcar. Nos gustan los smoothies de ftuas. Los yogures también los tomamos naturales y sin azúcar. 
  • Como caprichos ocasionales tiramos de patatas fritas o algún otro snack intentando que sea sin aceite de palma.
Y sí, salimos a comer fuera. A veces incluso comemos en McDonalds o Burguer King. De vez en cuando nos comemos un bollo industrial o dejo que los niños tomen un zumo azucarado en un cumpleaños. Yo reconozco que tengo debilidad por el dulce. Por eso no lo compro y no lo tengo en casa. Cuando salimos a comer fuera o acudimos a alguna celebración sí suelo pedir algún postre dulce. Las chuches en nuestra casa se comen siguiendo la siguiente pauta: una o ninguna.

Así pues, obviamente, podría tener otra tendencia alimentaria, como ser vegetariana o vegana, pero considero que mi alimentación está bastante "currada" y "medida" y nos ha costado camino perfeccionarla. No creo que mi enfermedad esté derivada de una mala alimentación ni creo que si hubiera tenido otros hábitos alimentarios me hubiera librado de enfermar.

También conozco muchas personas que se alimentan únicamente de pasta, arroz y platos procesados. Que no comen ni frutas ni verduras. Y ahí están, tan sanos.

Así que, por favor, no asumas ni que como mal ni que mi enfermedad se deriva de una mala alimentación. Y no, no he cambiado de alimentación, porque considero que está bastante bien tal y como está.

En la época de Internet y de los "gurúes" es fácil cruzarse con artículos que destacan las bondades anticáncer de tal o cual alimento. Por ejemplo, la cúrcuma. Hay hasta quien se atreve a decir que en la India no se usa la quimioterapia y que se tratan los cánceres con cúrcuma (que exóticos ellos), aunque Google tenga una opinión distinta al respecto. Pero la realidad es que los estudios que proclaman sus bondades no están contrastados (sus resultados no se han reproducido en estudios similares), no se absorbe bien por su consumo oral y los estudios que hay como suplemento alimenticio lo único que han conseguido establecer es una "cierta mejoría" en los efectos secundarios, pero no en la evolución del cáncer o en la supervivencia de los pacientes.

En la época de Internet y de los gurúes es fácil encontrarse con libros, charlas y cursos sobre alimentación para prevenir el cáncer. Yo sigo a muchos perfiles de nutricionistas en Instagram (sobre todo) y en otras redes sociales. Me gusta ver sus consejos y cómo puedo aplicarlos para mejorar mi alimentación. Hace poco debatía con una de ellas sobre su oferta de cursos sobre alimentación anticáncer. Le decía que hay que comer "sano" porque es lo óptimo para nuestro cuerpo, porque ayuda a que nuestro organismo funcione adecuadamente, y probablemente nos libre de enfermedades por sobrecarga de azúcar como caries o diabetes, de hipertensión y de otras enfermedades probadas. Pero lo que no podemos vender es que determinada dieta previene el cáncer porque no es cierto. Porque no hay ningún estudio ni evidencia que lo demuestre. Porque el cáncer es una enfermedad multifactorial que no depende solo de la alimentación, sino también de la genética y el entorno.

Obviamente, hay alimentos cuyo consumo aumenta la posibilidad de enfermar de cáncer. Las carnes rojas, por ejemplo, o las procesadas. La OMS realiza un listado al respecto. Este enlace de El Mundo está muy bien para informarse. Curioso que haya menos evidencia de los posibles efectos cancerígenos de la sacarina que del aloe vera. Es decir, que el aloe vera es "potencialmente" más cancerígeno que la sacarina... Pero encontrarás por ahí un montón de información "natural" demonizando a las sacarinas y poniendo por las nubes al aloe vera. 

En  fin, entiendo que, como herramienta de márketing, la denominación "anticáncer" sea un reclamo perfecto. Todos queremos estar libres de enfermedad. Pero no considero que sea ético vender falsas expectativas a la gente. Que hay quien quiere creer que por llevar determinada dieta se var a ver libre de una enfermedad, por mi perfecto... Como si creen que por ir a misa, rezar mucho y ser muy piadosos van a estar libres de cáncer. Pero lo que me fastidia (aunque en realidad me j**e) es que esas personas se sientan con la potestad de venir a darme chapas de por qué he enfermado y qué puedo hacer para curarme.

Pues, de verdad, os agradezco el esfuerzo porque siempre asumo que viene de vuestro afán generoso de verme mejor, pero conmigo esa "moto" tiene pocas posibilidades de ser vendida. No funciona. Y si queréis creer que podéis hacer algo para evitar la "gafelotería" y eso os hace más felices, por mi estupendo, pero no vengáis a darme lecciones sobre el tema porque ni me sirven ni me aportan y, a veces, dependiendo de cómo estén formuladas, hasta me encabronan... Y el encabronamiento es 100% seguro que no puede ser bueno para mi enfermedad, je, je.